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Vergüenza

Desde que arrancó de nuevo en primera línea de portada la crisis de personas refugiadas entre Turquía y al UE, hace ya más de una semana, llevo dando vueltas a la forma de abordar la cuestión para dejar la postura de eCivis en este tema.

Obviamente, como podréis suponer, se nos revuelven las entrañas al ver las imágenes. Con esto ya se terminaría el post. Repulsa absoluta, incredulidad extrema sobre la insolidaridad de Europa y la vuelta al calcetín de unos supuestos valores fundacionales del proyecto europeo que no sé por dónde tienen que quedar ya.

He escuchado en diferentes medios que las tensiones geopolíticas no son baladíes, y que Europa no hace tan mal las cosas si nos comparamos con otros. Evidentemente, pero resulta mezquino compararnos con lo ajeno cuando de lo que siempre hemos sacado pecho es de esa supuesta solidaridad, igualdad en la diversidad, respeto a los derechos humanos, y blablablá blablablá.

Como europea, vivo en un conflicto interior permanente, desde hace varios años ya. Porque nos están vendiendo la moto de que esto va de algo más que del tema de los mercados, pero es que por mucho que me empeño en autoconvencerme de que no es así, la verdad es que cada vez tengo menos puntos de apoyo. Y resulta tremendamente decepcionante pasearme por el Museo de la Paz de Gernika y reconocer mi terrible actualidad en imágenes de hace más de cincuenta años. Mucha burocracia y postureo institucional, pero avanzar, lo que se dice avanzar en cuanto a una política honesta con las personas y la ciudadanía… pues como que poco.

Últimamente se habla de la Conferencia sobre el Futuro de Europa. Y se clama por una recuperación de la confianza de la ciudadanía en lo que es el proyecto europeo. Mucho se tienen que poner las pilas Europa y sus Estados para que la ciudadanía vuelva a recuperar plenamente la confianza en ella. Para algunos y algunas de sus ciudadanos/as, tener mano de hierro con personas desamparadas puede ser síntoma de fortaleza. Para muchas otras sin embargo, es la punta del iceberg de un proyecto que se ha vaciado de valores por el camino y se ha ido llenando de intereses económicos y geopolíticos por otro.

En el Museo de la Paz leí hermosas frases sobre la reconciliación, y contemplé imágenes históricas de momentos donde la altura de miras de ciertas personas de la política hizo recuperar la confianza en el sentido original de esto, de la política (aunque por un momento tan sólo). No la podredumbre y la polaridad que tenemos en este momento, sino la política en el pleno sentido de la palabra.

Ojalá Europa y sus Estados fueran capaces de echar una mirada más allá para recuperar un poquito tan sólo de esa esencia., Pero me temo que las mascarillas no sólo nos están agazapando frente al coronavirus, sino que nos están poniendo la venda en los ojos para regresar de nuevo al individualismo y a la insolidaridad más descarnada.

Y ya sé, ya, que el título del post no es muy original. Pero es que no se me ocurre otro para expresar lo que siento como ciudadana europea. VergÜEnza

Imaginación y esperanza

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Imaginación y Esperanza. Con dos palabras, la periodista a la que escuché hace unos días intentó resumir el periplo perverso de los miles y miles de personas que han dejado su vida atrás para buscar otra, en algún sitio. Tal vez quería dar un tono épico al desalojo de Calais. Tal vez en un esperpéntico propósito de dejar huella, no sé, tal vez para una película de esas que nos erizan el vello de los brazos. Ya que la realidad nos deja incólumes y ajenos en nuestra individualidad y problemas banales.

El desalojo de Calais se suma a otras tantas noticias donde desayunamos con los miles de personas que han dejado su vida en el Mediterráneo, en el peor año conocido. La imagen de Aylan fue tan solo un trending topic. Poco más.

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Y justo hoy comparten en mi perfil de Facebook un vídeo de los niños y niñas sirias, que padecen lo indecible. Y lo enseño a mis hijas, absortas en la comodidad de sus juguetes y caprichos, y hacen preguntas incómodas.

Muchos dicen que el asunto se nos queda grande a las personas de a pie. Pero somos los ciudadanos y las ciudadanas quienes a lo largo de los años hemos logrado, granito y granito, pequeñas grandes cosas de las que hoy nos beneficiamos muchas personas. Y ello me hace pensar, ¿y en este caso por qué no? ¿Por qué son siempre los mismos quienes acuden a las concentraciones, a las acciones de repulsa, a las iniciativas de apoyo?

Este tipo de noticias se han convertido en parte del menú de los telediarios, junto con el cambio de hora, el tiempo y la sempiterna corrupción de este país, que tampoco parece perturbarnos demasiado, más allá de las tertulias de sobremesa y los memes de redes sociales.

Y yo me pregunto, ¿acaso no tenemos responsabilidad en ese esfuerzo de imaginación y esperanza? ¿No son ambas palabras sino un clamor a nuestra sociedad por utilizarlas, por tener imaginación y esperanza, en la construcción de un mundo mejor?

No te quedes ahí, hundido en la comodidad del sofá y las noticias complacientes. Participa y reacciona. Allí nos veremos