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Palitos de chupachups, colillas y latas

El domingo 19 de septiembre, nos acercamos a la playa de Arrigunaga (Getxo) para participar en la acción de recogida de plástico organizada por la asociación Ola Sin Plástico. Como bien dicen ellas, “gota a gota se crea un océano”; y tienen razón, porque esta gota nos cayó hace ya unos cuantos meses pero nos ha calado bien, y seguimos con la matraca de #soysostenible, buscando formas de conseguir apoyos para realizar acciones en esta línea. Esto ya lo contaremos en otra ocasión.

En Arrigunaga, la sensación fue la misma que en otras ocasiones. Echas un vistazo rápido y en fin, la cosa no parece tan grave. A primera vista no hay tanta mierda. Lo peor está por llegar, y es cuando das un paseo de esos mirando hacia abajo, fijándote bien en la arena (esto va mucho mejor si te acompaña un niño o una niña, como era mi caso, que se fijan en todo). Entonces sí, es cuando te vas dando cuenta de la magnitud del asunto. Porque si se viera, sería tan evidente, que por pura vergüenza se recogería. O eso quiero pensar. Pero el tema es que son muchas veces micro, semi-enterrados, ocultos entre las rocas por la acción del mar. Y empiezas a sacar. Levantas piedras, escarbas en la arena… y aquello no termina. Y nos invaden sentimientos ambiguos: la satisfacción de llenar los sacos de mierda. Y la tristeza al mismo tiempo al pensar que, si estuviéramos todo el día, seguiríamos llenando sacos.

Estuvimos unas 25 personas repartidas a lo largo y ancho de la playa. Y luego llegó el recuento: más de medio centenar de colillas, un resto de hierro enorme, botellas, latas. Muchas latas. Arremolinadas, restos del botellón. Redes, palitos de chupachups, microplásticos a cascoporro, juguetes abandonados, bolsas, cajas… En fin, mierda al fin y al cabo, para qué vamos a andarnos con eufemismos.

Quienes mirábamos cómo se vaciaban los sacos para hacer el recuento no entendíamos cómo se podía seguir tirando mierda en las playas, en los montes… con tanta alevosía, si es que hay información, formación, suponemos que cierta sensibilización… ¿O no? ¿Es solamente el postureo? Recuerdo un anuncio de mi época en el que salían dos chicas en un baño y una de ellas iba a tirar algo por el inodoro. La otra amiga le dice, “oye, eso no se tira por ahí”. Y la otra dice “bah, total por uno…” Y el slogan del anuncio era “El total es lo que cuenta”. Gota a gota se hace un océano. Ayer, 25 gotas estuvimos sumando por un total más sostenible. Pero siguen siendo muchas otras las personas que piensan que, “total, por una lata, total por una colilla, total…”, engendrando un total difícil de gestionar.

Esto es cosa de todas. Por eso me pareció estupendo que mi hija, al finalizar la actividad, me dijera que igual no hacía falta apuntarse a esto y que podíamos recoger la mierda algún día sin más, sin quedar necesariamente con nadie. Poco a poco, el océano va tomando forma. Gracias.