Educar en valores es posible. Preguntadle a César

Gracias a César Bona nos hemos enterado que existe un premio llamado Global Teacher, dotado con un millón de dólares, que premia al mejor profesor del mundo. Algo así como el Nobel en la Docencia.

Y nos hemos enterado porque César compite por ese galardón, junto con medio centenar más de docentes, de unos 26 países.

Ciertamente, con el panorama de nuestro sistema educativo, esta nominación tiene más mérito que  ninguna otra.

Este profesor de 42 años, licenciado en filología inglesa, imparte clases en un colegio público de Zaragoza a un alumnado de 9 a 11 años. Su objetivo es hacer buenas personas, personas participativas, ciudadanos y ciudadanas comprometidas con su entorno, con habilidades y competencias que les hagan socialmente válidos. Loable, desde luego, aunque muchos se preguntarán dónde quedan la ortografía, las matemáticas.. No pocos obstáculos habrán sido los que César habrá sorteado en su comunidad educativa, esa que tal vez ahora, le esté regando los oídos con alabanzas y sacando pecho.

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Y no es de extrañar. Somos personas tan habituadas y acostumbradas a la contradicción constante, a la incoherencia, a la hipocresía, que tan bien se practica en la piel de toro, con tan poca vergüenza… Ya desde la más tierna infancia, padres y madres se ponen el  traje de progenitores modernos, y a la pregunta de qué quieren para su hijo o hija, responden algo que a priori parece básico: que sea feliz, que sea buena persona… Pero lo cierto es que queremos algo más complicado, y eso, en nuestro modelo educativo, es difícil de ofrecer… salvo que estés en la clase de César, que incentiva la creatividad, el trabajo en equipo, la autonomía…, todas esas aptitudes que tan bien nos vienen después en la edad adulta, tanto o más que máster carísimo.

Menuda suerte los que disfruten de su aula de enseñanza. Si existiera, debería ser candidato al premio al emprendimiento (bien entendido), a la ciudadanía activa. Ojalá los que somos padres y madres tengamos la oportunidad de disfrutar de las enseñanzas de más Césares en nuestras vidas y en las de nuestros hijos e hijas.