Crónica del Café de Puertas Abiertas… desde nuestras casas

Confinamiento, que no apalancamiento. Esto es lo que quedó meridianamente claro la pasada semana, tras el encuentro online que mantuvimos en el marco de nuestros cafés de puertas abiertas. En esta ocasión, y por el Covid-19, de manera digital, sumándonos al conjunto de ciudadanos y ciudadanas que han tomado las redes como espacio de comunicación para seguir trabajando, estudiando, colaborando, enredando, y mostrando el lado más solidario de las personas.

Nos encontramos con muchas ganas en torno a media docena de personas (aunque a última hora se unieron más), en un afán por seguir esa tónica que iniciamos el año pasado, la de juntarnos en el Pub Pipers de Algorta una vez al menos cada tres meses, con el objetivo de charlar, intercambiar experiencias, enredar…

En esta ocasión, el tema estrella era el coronavirus, no tanto la situación actual, como el impacto que toda esta situación inédita iba a tener en nuestra sociedad, y en nuestro modo de vida. Por lo que nos pilla más cerca, empezamos a intuir que el protagonismo creciente de las herramientas de “telerreunión”, abría un escenario muy interesante para nuestra organización, en cuanto a la posibilidad de organizar encuentros, webminars o como queramos llamarlo, que den más opciones de participación a la ciudadanía, sin estar condicionada por la disponibilidad  presencial. Desde luego lo tenemos en cuenta, y en breve iremos informando de lo que estamos tramando…

Por otro lado, cómo no, salió el tema de la respuesta (o el mutismo con retardo, según se mire) europea a esta crisis. Fue unánime el consenso de la distonía entre la ciudadanía europea y los Estados miembros. El sinsentido de una organización que defiende unos valores y que después no es capaz de dotarles de contenido y acciones tangibles que demuestren que no es papel mojado; mientras que por otro lado, por su camino, va la ciudadanía de los Estados miembros, completamente consciente de la situación y de su responsabilidad, adoptando iniciativas solidarias y de colaboración que arrojan un hilo de esperanza en el proyecto europeo, comprendido desde su base y no reducido al conjunto de los Estados que lo integran, o dicen sentirse parte.

Se mencionaron conceptos interesantes, que ya hemos leído en otras partes: unos pactos mundiales, una Constitución global, no tanto unos pseudoPactos de la Moncloa. La necesidad de una acción internacional clara ante situaciones como esta pandemia, que son globales y que exigen una acción coordinada a nivel mundial, para que desde lo local, seamos capaces de actuar de manera eficiente.

Ciertamente arreglamos el mundo durante una hora larga, y quedaron cosas de las que hablar. Personalmente me hubiera gustado hablar de qué se puede hacer pensando en el después, es decir, qué podemos hacer la ciudadanía y las organizaciones civiles, para contribuir a la reconstrucción de nuestra sociedad. Una sociedad que supongo y espero ya no será igual que la que conocíamos antes del 14 de marzo, pero que espero por nuestro bien que haya aprendido algo y que sea al menos un poquito mejor. Soy un poco escéptica, la verdad, pero ya sabéis que la esperanza es lo último que se pierde.

Seguiremos con este tipo de encuentros, y en breve esperamos poder daros alguna que otra interesante noticia. Ánimo