Café de Puertas Abiertas… desde nuestras casas

En estos tiempos rarunos de confinamiento, echábamos de menos encontrarnos de nuevo, aprovechando la oportunidad que nos brindan las nuevas tecnologías. Hemos echado mano del know how de Mikel Agirregabiria, y nos hemos inclinado por la plataforma jitsi.org, desde donde tendrá lugar nuestro primer café de puertas abiertas de este año. Retrasado por las circunstancias, pero indemorable por la necesidad de contacto aunque sea visual.

Seguimos con ganas de intercambiar ideas, de saber de vosotros y vosotras (y más ahora). Creemos que es una buena oportunidad para poner en valor las diferentes iniciativas de solidaridad ciudadana y, por qué no, de explorar nuevas vías de interacción y colaboración, cada cual desde sus posibilidades y capacidades.

Si te apetece acudir, contamos contigo. Estad atentos/as a nuestros perfiles de redes sociales, el encuentro tendrá lugar a través de jitsi y publicaremos en breve el link de acceso.

Más info contactando a través de info@ecivis.eus, o en el 636644671 /  620237036, y en https://cutt.ly/ktIiTDF

 

El peor virus para Europa: la insolidaridad

En medio del contexto actual que estamos viviendo, observamos diferentes iniciativas solidarias que están surgiendo a nivel ciudadano. Se está demostrando una poderosa red ciudadana que quiere participar y colaborar, sin importar distancias, situaciones, sin entrar en los detalles. Porque ahora la urgencia es otra.

Pero parece que esto de la solidaridad va de ciudadanía y no de Estados. Que la altura de miras se queda en las personas que llenamos y movemos Europa, pero que queda lejos, muy lejos, de los gobiernos de nuestros Estados miembros.

Y es que el último Consejo Europeo ha terminado de manera bronca e infructuosa, sin unos resultados que eran más necesarios que nunca, no sólo y sobre todo por esta pandemia que nos ha pillado por sorpresa (tan grande era nuestro ego y prepotencia occidental), sino también por dar carpetazo a quienes dudaban de la solidaridad europea. Desde luego, se lo han puesto en bandeja a los euroescépticos. ¿Dónde está Europa?

No tengo la menor duda que llegará el momento de los reproches, de las críticas y de las reclamaciones. Una gestión desastrosa, improvisada, a salto de mata, porque no pensábamos vernos en una como esta, y porque de repente los Estados se encuentran en la tesitura de salvar su economía o salvar su ciudadanía. Duro dilema, aunque algunas tenemos clara la solución. Llegará el momento de exigir responsabilidades y de definir protocolos y formas de actuar ante un nuevo momento que se abre en la Historia y al que ya no podremos dar la espalda. Porque ahora más que nunca está claro que somos globales, y el repliegue de fronteras no tiene razón de ser en estos escenarios que, por desgracia, no creo que sean flor de un día y a buen seguro se repetirán.

Llegará el momento sí. Pero ahora no. Ahora es el momento de la solidaridad. Es el momento de dotar de contenido real a las letras de los Tratados, a las palabras de la Carta Europea de Derechos Fundamentales, a estos valores del proyecto europeo con los que se nos llena la boca, pero que tristemente han venido siendo pisoteados en los últimos años: en la crisis económica de 2008, en la crisis de personas refugiadas… Y de nuevo, ahora, con el Covid-19.

Todos los días salimos por nuestra ventana a las ocho de la tarde para aplaudir. Es una manera de expresar nuestra solidaridad con quienes están en el día a día arriesgándose por intentar salir de esta y mantener servicios esenciales aún en nuestro confinamiento. Esa solidaridad la hubiera querido también de los Estados Europeos. Un compromiso solidario a mano abierta y sin condiciones, poniendo la ciudadanía en primera línea. No necesito símiles bélicos para motivarme. Necesito esos aplausos a las ocho, y necesito esa sensación de unidad europea. Esa sensación de que sí, que parece que la UE sirve para algo. Pero no ha sido así.

Vale que el Parlamento Europeo ha aprobado una batería de medidas. Tal vez la gestión de la sanidad es competencia de cada Estado. Pero la verdad es que la ciudadanía de base, la que realmente construye cada rincón de Europa con su trabajo y su vida cotidiana, no entiende de enredos de competencias y de soberanías, y esperaba una visión más allá de la meramente económica, de la estrictamente política. Se ha perdido una oportunidad histórica para que la ciudadanía, en medio de este dislate sanitario, recupere el sentimiento europeísta y se sienta parte de un todo. Ahora era la oportunidad de remar los Estados en la misma dirección, de hacer por fin una simbiosis con la Unión Europea para conseguir salir de esta. De recuperar la confianza en Europa.

Si en vísperas (o no) de la Conferencia sobre el Futuro de Europa, se ponen sobre la mesa estos debates baldíos, que hacen prevalecer la soberanía por encima de la ciudadanía y los valores europeos en los que algunos y algunas seguimos creyendo, no sé qué sentido tiene celebrar esa Conferencia, ni cómo vamos a tener la desfachatez de hablar de ese futuro, si ha quedado claro tras este Consejo que de ciudadanía, como que poco o nada. Que cada país barre para su casa, que la soberanía toma posiciones, que las fronteras invisibles se han tornado visibles y que, al menos para la opinión pública general, esa que no entiende de Tratados ni de legislación, hablar de Europa es hablar de la nada.

El Futuro de Europa no se va a construir con Conferencias, sino con una acción clara y decidida que ponga en primera fila y como prioridad a las personas. Necesitamos hechos concretos de alto nivel, que de una vez por todas conecten con esa ciudadanía, con esas iniciativas locales, que ahora en esta emergencia, y antes en otras tesituras, han demostrado que la ciudadanía desde lo local sí entiende lo que representa el proyecto europeo: solidaridad, unidad en la diversidad, compromiso y acciones concretos.

Cómplices para mañana

De la crisis del coronavirus tiene que salir algo positivo. Aunque sea remotamente. Me niego a pensar que hemos entrado en una oscuridad infinita. Más bien pienso que es un aviso ¿alienígena? 😉 para navegantes y navegantas, por lo rematadamente estúpidos que estábamos siendo. Levantando fronteras donde no las había, ahora las hacemos más alta para encerrarnos a nosotras mismas. Llevando el planeta al límite, ahora los animales campan a sus anchas por las calles desiertas y por las playas salvajes de nuevo, supongo que atónitos, como nosotras, mirando desde nuestras ventanas.  La contaminación baja a mínimos mientras escucho por mi ventana el canto de los pájaros, y el silencio sepulcral de una ciudad que contiene la respiración cada vez que se escuchan las noticias. Consumiendo como si no hubiera un mañana, nos hemos despertado con el día de la marmota a nuestros pies, atrincherados en nuestras casas.

El crecimiento exponencial de esta crisis parece no tener fin y nos sume a todas en una incertidumbre inédita. De las risas y los mémes hemos pasado al silencio. Y los mémes siguen, pero más de reír por no llorar. La cosa no está para bromas, por mucho que algunas se empeñen en fakes desalmados y mezquinos que nos hacen dudar de la especie humana. Menos mal que hay gente todavía cuerda, con iniciativas maravillosas que nos recuerdan el poder de la acción comunitaria. No sé si por el miedo, porque realmente hay solidaridad o por qué, pero comunitaria al fin y al cabo.

Como he leído esta mañana, esto que estamos viviendo debería ser el fin del mundo que hemos conocido, el fin de la forma que tenemos de entender el mundo. El fin de nuestra arrogancia, de nuestra prepotencia, de nuestro consumo infinito, de nuestra avaricia. No se trata de parar y luego pisar el acelerador a fondo para recuperar el tiempo perdido. No quisiera volver a ver diluído el saludo de las ocho a mis vecinos y vecinas, en la vorágine de la rutina feroz. Espero y deseo que estas sonrisas cómplices de las ocho de la tarde vayan más allá de estas semanas, meses, o lo que tardemos en resolver esto. Ojalá, en definitiva, que este compromiso comunitario no quede en un espejismo y aprendamos la lección.

Que no caiga en saco roto

No sé muy bien qué puedo aportar escribiendo este post, cuando estamos todos del coronavirus pues eso, hasta la coronilla…

Todo esto por lo que estamos pasando tendría que servirnos de algo. Y me gustaría estar convencida de ello, pero somos ya mucho de eso de tropezar con la misma piedra, y la verdad es que tengo mis dudas. Y sería una pena, la verdad. Porque después de tanto hastag del #quédateencasa, y tanto apoyo multitudinario (en redes sociales, tranquilos/as todos/as), sería una lástima que todo quedara en agua de borraja.

Todo esto debería servirnos para parar. Un momento. Desde que este asunto se ha convertido de repente en grave y ha dejado de ser cosa de risa (pese a los memes que nos descongestionan, menos mal…), podemos escuchar en las calles otros sonidos diferentes a los habituales. Me atrevería a decir que, desde mi ventana, incluso respiro mejor. Y puedo mirar al vecino a o la vecina de enfrente, y parece que nos reconocemos. Es como si tuviéramos una conciencia colectiva del estar haciendo algo todas las personas juntas. Y esto no debería perderse. Ser capaces de parar, de hacer las cosas de otra forma, de vernos de otra forma, más colectiva, menos individualista.

Salen ahora iniciativas esperanzadoras, como suelen salir en estos casos, de personas anónimas que se unen a través de los canales digitales para ponerse en común y desde la distancia tejer redes, unir manos, tratar de sobrellevar esto compartiendo lo que se pueda. Compartir. Colaborar. Responsabilidad. Comunidad. Palabras que tendrían que servir para algo más que para compartir bonitos posts en redes sociales. Sería maravilloso que de alguna manera que ahora no soy capaz de identificar, pudiéramos procesar todo esto para sacar algo concreto y realmente útil para todas las personas.

Estamos nerviosas, con algo de miedo. Eso no lo voy a esconder. Supongo que no seré la única. Experimentamos una incertidumbre que nunca antes habíamos sentido. Porque parecía que esto era como de otros sitios. Y que aquí no iba a tocar. Pues bueno, ahora que nos ha tocado, vamos a darnos una cura de humildad y vamos a intentar sacar los aprendizajes. Tal vez no ahora (hay gente demasiado preocupada con su dichoso papel higiénico), pero más pronto que tarde habría que sacar lecciones de todo esto. Desde lo político, desde lo público, pero también desde lo pequeño, como nos gusta a eCivis.

Esta tarde he encontrado esta web: https://frenalacurva.net/. Y me ha parecido genial la iniciativa. Nos sumamos y compartimos para que os podáis sumar también.

Ánimo, paciencia, y responsabilidad

Vergüenza

Desde que arrancó de nuevo en primera línea de portada la crisis de personas refugiadas entre Turquía y al UE, hace ya más de una semana, llevo dando vueltas a la forma de abordar la cuestión para dejar la postura de eCivis en este tema.

Obviamente, como podréis suponer, se nos revuelven las entrañas al ver las imágenes. Con esto ya se terminaría el post. Repulsa absoluta, incredulidad extrema sobre la insolidaridad de Europa y la vuelta al calcetín de unos supuestos valores fundacionales del proyecto europeo que no sé por dónde tienen que quedar ya.

He escuchado en diferentes medios que las tensiones geopolíticas no son baladíes, y que Europa no hace tan mal las cosas si nos comparamos con otros. Evidentemente, pero resulta mezquino compararnos con lo ajeno cuando de lo que siempre hemos sacado pecho es de esa supuesta solidaridad, igualdad en la diversidad, respeto a los derechos humanos, y blablablá blablablá.

Como europea, vivo en un conflicto interior permanente, desde hace varios años ya. Porque nos están vendiendo la moto de que esto va de algo más que del tema de los mercados, pero es que por mucho que me empeño en autoconvencerme de que no es así, la verdad es que cada vez tengo menos puntos de apoyo. Y resulta tremendamente decepcionante pasearme por el Museo de la Paz de Gernika y reconocer mi terrible actualidad en imágenes de hace más de cincuenta años. Mucha burocracia y postureo institucional, pero avanzar, lo que se dice avanzar en cuanto a una política honesta con las personas y la ciudadanía… pues como que poco.

Últimamente se habla de la Conferencia sobre el Futuro de Europa. Y se clama por una recuperación de la confianza de la ciudadanía en lo que es el proyecto europeo. Mucho se tienen que poner las pilas Europa y sus Estados para que la ciudadanía vuelva a recuperar plenamente la confianza en ella. Para algunos y algunas de sus ciudadanos/as, tener mano de hierro con personas desamparadas puede ser síntoma de fortaleza. Para muchas otras sin embargo, es la punta del iceberg de un proyecto que se ha vaciado de valores por el camino y se ha ido llenando de intereses económicos y geopolíticos por otro.

En el Museo de la Paz leí hermosas frases sobre la reconciliación, y contemplé imágenes históricas de momentos donde la altura de miras de ciertas personas de la política hizo recuperar la confianza en el sentido original de esto, de la política (aunque por un momento tan sólo). No la podredumbre y la polaridad que tenemos en este momento, sino la política en el pleno sentido de la palabra.

Ojalá Europa y sus Estados fueran capaces de echar una mirada más allá para recuperar un poquito tan sólo de esa esencia., Pero me temo que las mascarillas no sólo nos están agazapando frente al coronavirus, sino que nos están poniendo la venda en los ojos para regresar de nuevo al individualismo y a la insolidaridad más descarnada.

Y ya sé, ya, que el título del post no es muy original. Pero es que no se me ocurre otro para expresar lo que siento como ciudadana europea. VergÜEnza

Crónica de la charla sobre emergencia climática

El pasado miércoles 19 de febrero arrancamos una nueva temporada de nuestros cafés conversatorios, encuentros ciudadanos para debatir de forma distendida, pero con rigor, sobre cuestiones que circulan por los medios de comunicación y que no merecen quedar desatendidos por la ciudadanía.

Nos acompañó en esta ocasión Alex Fernández Muerza, periodista especializado en medio ambiente, energía… y Premio 2019 de Periodismo Ambiental de Euskadi. El tema era la Declaración de Emergencia Climática adoptada recientemente por el Gobierno central: qué es, que implica, en qué nos afecta como ciudadanía.

Estuvimos alrededor de una docena de personas en la cafetería Glass de Areeta, que se ha convertido ya en nuestro centro de operaciones. Gracias desde aquí a su equipo, por la atención prestada. Algunas de las personas participantes eran habituales de otros encuentros anteriores, pero resultó muy interesante la intervención de personas de Azti o de BC3, completando de esta manera las aportaciones realizadas por Álex.

Como ya nos adelantó en la entrevista que le hicimos antes del café conversatorio, la Declaración de Emergencia Climática supone el punto de partida para lo que se supone deberán ser medidas concretas que permitan abordar la necesaria transición energética (de los combustibles fósiles a otro modelo), así como otras intervenciones que se alineen con las exigencias que impone el cambio climático que tenemos encima.

Y es que, por mucho que algunas personas se empeñen en negarlo, este cambio ya está entre nosotros, y a menos que nos pongamos las pilas, nos seguiremos cociendo lentamente, como las ranas… hasta que no haya vuelta atrás y terminemos cocinadas del todo.

Durante el café surgieron reflexiones interesantes, que ponen de manifiesto que esto va de algo más que de las tres Rs, y que en la práctica, exige dar la vuelta al calcetín de nuestro modelo económico. Lo que dicho así de repente, se nos antoja que afecta a las empresas del IBEX. Pues sí, pero no. Porque afecta de suyo a nuestro estilo de vida, profundamente consumista y comodón. Exige, en definitiva, salir de nuestra zona de confort y asumir nuestras responsabilidades, individuales y colectivas, en todo este tinglado.

Al final de todo, salió de nuevo, cómo no, el tema de la educación… Tan necesaria… pero tan difícil de aplicar, si entendemos la educación como debemos entenderla, en un sistema que no hace otra cosa que cambiar la Ley al son del color político, sin dotar a dicho sistema de la flexibilidad y de la transversalidad que lo haga capaz de ¡zas! hacer como propias las nuevas demandas sociales y hacerles un hueco en el modelo educativo. Pero esto daría para otro post…

En definitiva, un encuentro muy agradable, para hacernos pensar, apuntar nuevas referencias donde seguir informándonos (Ballena Blanca, por ejemplo), y seguir abriendo la mente de la ciudadanía para conseguir al menos, un pensamiento crítico, que ya sería mucho…

Vertederos de información

Hace ya más de diez días, dos trabajadores quedaron sepultados bajo toneladas de residuos, en un vertedero aparentemente controlado. Ocurrió en Zaldíbar, Bizkaia. La noticia se dejó entrever sigilosamente en los medios de comunicación, pero la Copa, el Athletic, coronavirus, World Mobile y demás parafernalia informativa, la relegaron  de una manera sorprendente, en los principales canales de comunicación.

Entre tanto, la ciudadanía alza su voz en los alrededores, en Bizkaia, y en Euskadi en general, esforzándose porque se le escuche. Tanto por la recuperación de los cuerpos, como por la depuración de responsabilidades. Tanto más cuanto en las labores de desescombro se ha descubierto amianto y otras sustancias, que en teoría deben estar sujetas al más estricto control.

No ha venido nada bien que se venga la tierra abajo justo en este momento, cuando las espadas electorales ya se están poniendo en alto. Y menos aún en un contexto como el actual, de creciente sensibilidad ciudadana hacia la cuestión medioambiental, toda vez que empezamos a darnos cuenta de que no es una frikada de unos pocos y que nos lo va a poner bastante complicado si no nos arremangamos ya.

En medio de todo este embrollo, empieza a aflorar de nuevo la información, con cuentagotas, alarmando, y poniéndonos la mosca detrás de la oreja. Desinformación, falta de transparencia, comunicados que no comunican, fakes y medias verdades, verdades completas que pierden credibilidad por el cabreo que va in crescendo… Y al final el remedio es peor que la enfermedad, no sé si por los nervios de la campaña electoral en ciernes o por la presión de la ciudadanía, pero ha llegado tarde y mal.

Todo se ha hecho mal. Empezando por la gestión misma del vertedero, evidentemente. La empresa, dudosa. El control de la cosa pública, parece que desastrosa también. Muchos puntos negros por el camino, y todas las entidades aparentemente implicadas intentando salir a flote de esta montaña de basura que no parece tener fin.

Otra vez, la falta de transparencia sienta cátedra. Y nos hace retroceder muchos años atrás, recordando episodios del pasado que creíamos que nunca tendrían lugar aquí. Y esa desinformación crea una inseguridad enorme, tremenda. Proporcional al monumental cabreo de la ciudadanía, que quiere claridad y quiere saber a qué atenerse.

Entrevistamos a… Álex Fernández Muerza

Álex Fernández Muerza, contagiador de Medio Ambiente y Ciencia, experto en periodismo, redes sociales y comunicación, y reciente premio de periodismo ambiental de Euskadi, estará con eCivis este miércoels 19 de febrero en el Glass Grill Urbano a partir de las 18.30 para charlar al hilo de la reciente Declaración de Emergencia Climática.

Para ir abriendo boca, le hemos hecho algunas preguntas que nos inspiren algunas otras para el debate. Aunque la verdad es que los acontecimientos de los últimos días en Bizkaia, seguro que dan pie a muchas reflexiones de diferente índole.

Toma nota de lo que nos ha contado, y nos vemos el miércoles, no te lo pierdas.

– ¿Qué significa la Declaración de Emergencia Climática recientemente adoptada por el Gobierno?

Al igual que cuando en su momento se creó un Ministerio de Transición Ecológica (llamado ahora además de Reto Demográfico), la Declaración de Emergencia Climática es una muestra más de que este Gobierno reconoce la transcendencia de la actual crisis climática, una declaración pública de intenciones, y que como tal debería afrontar.

 – ¿Consideras que es un brindis al sol, o que puede tener realmente consecuencias e impacto real?

Para que la Declaración no quede en un brindis al sol, tiene que ir acompañada de medidas concretas y efectivas. Planes como el PNIEC (Plan Nacional Integrado de Energía y Clima) o la aprobación inminente de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética deberían contribuir a ello. Habrá que estar pendientes de su grado de ejecución y sus resultados, que es al final de lo que se trata.

– ¿Es compatible declarar la emergencia climática con el modelo socioeconómico actual?

El actual modelo socioeconómico insostenible no es compatible con un planeta con recursos finitos como el nuestro. Actuar contra el cambio climático significa en última instancia plantear la necesidad de un cambio a un modelo sostenible, como el que plantea la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas. Se trata en general actuar contra todos los males que sufre el medio ambiente, y que a la postre, sufrimos nosotros. Porque sin un medio ambiente en condiciones, nuestra vida como seres humanos está en peligro.

– ¿Cómo podemos hacer las y los ciudadanos, nuestra propia implementación de esta declaración? ¿Crees realmente que está en nuestras manos hacer algo, en el contexto de esta estructura socioeconómica en la que estamos inmersos?

Todos y todas podemos contribuir a ese cambio de modelo, de comportamiento, y hacer ver a gobernantes y empresas que queremos otro modelo. Sin embargo, no se puede cargar en el ciudadano todos los “males” que suceden y podrían suceder en los próximos años. Se requiere un cambio real de las políticas institucionales y de las empresas, en particular las relacionadas con los combustibles fósiles.

– Finalmente, al hilo de todo el movimiento contra el cambio climático, corren bulos de todo tipo en las redes sociales. ¿Cómo tener una referencia fiable para la ciudadanía, que nos dé unas pautas correctas de qué es lo que está pasando en realidad, y cómo podemos reaccionar, cada persona desde su ámbito?

Tener claro quienes son las fuentes fiables. En este sentido, no podemos creernos cualquier cosa que nos llegue a nuestro móvil, veamos en las redes, o “lo hayan dicho en la tele”. Los científicos climáticos, los medios de comunicación de referencia, con periodistas y divulgadores especializados, son algunas de esas fuentes fiables.

Miércoles 19 de febrero: Emergencia climática

Arrancamos 2020 con un café conversatorio que no te puedes perder. El próximo 19 de febrero, a las 18.30, la cafetería Glass nos cede una vez más su espacio para que podamos charlar, debatir, reflexionar… sobre la declaración de emergencia climática emitida recientemente por el Gobierno español. Y contamos para ello con la participación de Álex Fernández Muerza, contagiador de medio ambiente y ciencia, periodista, experto en comunicación y redes sociales… y premio de periodismo medioambiental de Euskadi.

Desde aquí queremos agradecer a Álex su compromiso y participación en este evento, de manera desinteresada y solidaria. Una vez más, un compromiso con la ciudadanía desde la ciudadanía.

La asistencia es gratuita, aunque la consumición en el Glass (calle Mayor, 33 en Areeta), corre a cuenta de cada persona asistente. Esperamos vuestra participación y asistencia, es una gran oportunidad para conocer de primera mano en qué consiste y qué implica exactamente esta declaración, que se anunció con mucho bombo, pero que pronto ha quedado sepultada por otros acontecimientos.

Cambio climático, modelo económico, fake news… muchas cuestiones relacionadas entre sí, y que la ciudadanía merece conocer.

¿Te animas? Pásate por el Glass y charlamos un rato.

Auld Lang Syne

El día 31 de enero se entonaron cantos de despedida en Bruselas. Y entre coronavirus, Liga de fútbol, Cataluña y todo lo demás, Reino Unido abandonó las filas de la Unión Europea para arrancar una nueva etapa donde serán otros y otras quienes les acompañen, siempre desde la distancia que marcan las fronteras.

La Unión Europea pierde un socio, que digámoslo claramente, nunca resultó cómodo. Estratégico sí, pero incómodo. Siempre marcando distancias, siempre queriendo dejar su impronta, su condición insular que parece dotarles de un algo más frente al resto, pobres Estados continentales.

Hoy, con el Reino Unido en el felpudo ya, nos queda un camino largo por recorrer. Y no me refiero únicamente al camino de las relaciones económicas, comerciales, políticas… que darán mucho juego en los próximos meses, pero de cuyos detalles tengo dudas de si llegaremos a ser conscientes desde la ciudadanía. Ya que si hasta ahora lo europeo no ha sido precisamente trending topic, dudo mucho que lo sea ahora, más allá del postureo de la retirada de bandera y los cánticos en sede parlamentaria. Que quedan muy bien, pero que llegan a muy pocos.

A mi parecer, queda un camino si cabe más apasionante, desde lo político, y más arriesgado y pedregoso. Y es cómo tapar esta espita, que va soltando aires peligrosos en toda Europa, para evitar una fuga masiva que dé al traste con el proyecto europeo. Esta circunstancia parece poco probable, pero no estaría mal revisar los fundamentos del proyecto europeo para renacer desde la base, desde un diálogo profundo y necesario con la ciudadanía, desde diferentes ámbitos, potenciando la presencia de lo regional y de lo local como actores clave para garantizar la continuidad del proceso. De lo local hacia Europa.

Los primeros pasos no suenan mal: Conferencia sobre el Futuro de Europa, EU Green Deal… Pero ¿quedará en papel mojado? ¿Llegará verdaderamente a la ciudadanía con información y sobre todo con hechos concretos que nos reconcilien con Europa?