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Valores

Llevamos unos días intensos. Unos días de debates encendidos, a diversos niveles. Unos sinceros, buscando soluciones. Otros demagógicos, electoralistas, alimentando slogans y panfletos.

Han sido los días en los que las personas que vivimos en esta sociedad nos hemos enfrentado a nuestros demonios, cuando haciendo adalid de nuestro gen justiciero, hemos inundado las redes sociales, y las analógicas también, de soluciones, ideas geniales, críticas, insultos, amenazas, odios y venganzas salidos de las entrañas más profundas.

Genes que sacan lo peor de las personas, desde la excusa del hartazgo, de la sensación de impunidad. Esa misma que llevamos padeciendo en muchos otros órdenes, desde hace ya demasiado tiempo.

Y cuando ya nos estábamos hundiendo en ese lodazal sin fondo que representa el afán de venganza a partir del amarillismo y la desinformación (o hiper… a veces), ha tenido que ser ella, una mujer, una madre, la que nos ha tapado la boca y nos ha sumido en sentimientos encontrados de arrepentimiento y admiración. Nos ha parado los pies (por lo menos a algunas, que de todo hay), y nos ha hecho reflexionar.

Nos ha hecho reflexionar en los valores. Esos que no sabíamos por dónde andaban. Durante varios días, a pesar de estos instantes oscuros, de perplejidad e indignación, hemos visto cómo esos valores se vuelven a hilar, y empiezan a capturar nuestras conciencias. Esa madre, las mujeres en la marea del 8 de marzo, las personas mayores en su protesta ya intergeneracional…

Los valores empiezan a calar. Y lo observo ya en mi entorno más cercano, cuando la gente se pregunta en la calle si estuvo allí, y se sonríen y asienten. Y dicen que fue increíble, pacífico, cívico… participativo. Y se suman cada día más. Y es entonces cuando a pesar de las brujas y los canallas que todavía andan en circulación, recupero la confianza en esta sociedad nuestra, que tanto tiene que ofrecer en esta marea imparable que no deja de crecer.

Revalorización_ 0,25%

Las personas mayores dan ejemplo con sus reivindicaciones.

Cuando estamos demasiado acostumbrados a resolver los problemas y a indignarnos en las sobremesas, discutiendo con quien primero tengas delante, van las y los jubilados, y vuelven a darnos una lección.

Sí, una lección.

Porque este país no se ha ido a a tomar por saco gracias a la generosidad de estas personas, que han venido a ser el auténtico sostén de las familias y por ende, de la sociedad entera, durante los años más duros de la crisis, y también de estos otros que dicen algunos que ya son mejores, pero que la ciudadanía de a pie la verdad es que no lo nota mucho.

Gracias a ellos y a ellas, a su pensión, a sus tuppers, a su cuidado de nuestras/os hijos, es como muchas personas han podido resistir, más mal que bien. Pero se ha ido resistiendo.

Pero ya se está colmando el vaso.

Aunque se acallen sus protestas, aunque no salga de forma masiva en los medios de comunicación. Aunque Cataluña siga copando los trending topic, y con ella toda la parafernalia de pandereta y greguería de este país, aunque la corrupción siga con su charanga mientras seguimos con la anestesia, algunas personas se han despertado y empiezan a levantarse.

Se están levantando las personas mayores.

Quienes nos dieron sostén en esa crisis que sólo ha mejorado para quienes no llegaron a sufrirla, se están hartando. Han sido demasiados años de engaño, de intentar convencer con otros argumentos, por otros caminos.

Ya no cuela. Y es que una subida del 0.25%, la verdad, es como llamarnos gilipollas a la cara, pero en fino y además por carta. Para que la bofetada sea más redonda y más amplia.

Un 0,25… Insulto, desprecio…  como mínimo, esta carta es una falta de respeto. Y si el sistema no aguanta más, según dices, quienes no aguantan ya son esas personas, con una subida que no da ni para un café, y por supuesto no para seguir sosteniendo el sistema, como venían haciendo hasta ahora, de forma silenciosa…
Algunas de estas personas han devuelto la insultante notificación de ese aumento de 0,25. Otras lo han roto. Y muchas, muchas indignadas constituyen plataformas y salen a la calle en manifestaciones de protesta. En efecto, desde hace tres semanas, una plataforma de mujeres y hombres jubilados y jubiladas, se manifiestan frente al Ayuntamiento de Bilbao, reclamando unas pensiones dignas, y contra la precariedad del mercado laboral. Las fotografías que circulan por las redes sociales son como para pensárselo. Porque está abarrotada la plaza, como dijera áquel. Pero mira tú que se hace escasa mención del tema en los medios. Y yo creo que es como para mencionarlo. Por varias razones:
  • Porque esos a quienes han intentado mantener la boca cerrada con charlatanería barata de subida de pensiones, se han cansado de tonterías.
  • Porque ciertamente es un error de bulto no seguir dando cariño a este colectivo, visto el panorama demográfico de España.
  • Porque estas protestas son la expresión de un hartazgo que no termina de explotar y sumar al resto de ciudadanía (para hacérselo mirar, la verdad).
  • Por el hecho mismo de que no he escuchado aún una sola voz de la clase política hacer mención de este asunto.

Mi padre se ha sumado a las protestas. Él, que era de los de los debates de sobremesa, se ha sumado a las protestas de los lunes. Y si mi padre lo ha hecho, también lo puedes tú. Podemos todas las personas. Porque la suma aumenta nuestras posibilidades.