Un nuevo reto necesario para nuestros ayuntamientos

En este país, a diferencia del mundo anglosajón, rara vez se aprovecha la inversión y esfuerzos de lo público para estimular el sector privado. La eID (identidad electrónica) a nivel de la UE, en breve será una realidad http://www.eid-stork2.eu/, proporcionará una plataforma para las relaciones comerciales seguras en todo el mercado europeo con posibilidades interesantes para el sector privado.

El Parlamento Europeo lleva tiempo recomendando y orientando a los países miembros sobre la necesidad de aprovechar la arquitectura digital de la administración electrónica para utilizarla como motor de cambio del modelo económico actual. El pasado verano, este organismo emitió la propuesta del reglamento para cimentar las bases de una identificación electrónica que facilitara las transacciones en el mercado de la unión http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=COM:2012:0238:FIN:ES:PDF.

Hasta que esto llegue será necesario ir entrenándose. España en su conjunto tiene un posicionamiento de exposición de servicios digitales superior a la media de Europea, y su uso comienza a avanzar (http://administracionelectronica.gob.es/recursos/pae_000022019.pdf) , pero ¿cómo se está ayudando/fomentando desde los organismos cercanos a la ciudadanía  para facilitar este cambio de modelo.

La cuestión está en saber si nuestros ayuntamientos están dispuestos a afrontar el reto de saber si sus servicios digitales entran dentro de estas estimaciones del INE.

eCivis aporta una metodología y un esquema de trabajo orientado a ello.

Os esperamos.

¿Disponibilidad o utilidad?

El pasado verano, diferentes administraciones públicas del Estado resultaron galardonada por Naciones Unidas en el marco de la convocatoria 22012-United Nations Public Service Awards”. En concreto, el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, el Departamento de Vivienda, Obras Públicas y Transportes de Gobierno Vasco, la Diputación de Barcelona y el Ayuntamiento de Bilbao. Para más información, pulsa aquí.

Hay que destacar el reconocimiento internacional a los esfuerzos por impulsar la administración electrónica con el fin de dotar a la ciudadanía de unos servicios públicos electrónicos. Este reconocimiento no es nuevo, puesto que con anterioridad, la Unión Europea ya había ensalzado el alto grado de disponibilidad de los servicios públicos electrónicos del Estado, y no sólo en el ámbito de la administración central.

Dicho esto, nos encontramos sin embargo con la paradoja de que la ciudadanía del Estado queda a la cola europea en lo que se refiere al acceso electrónico a tales servicios. ¿Por qué? Tenemos un amplio escaparate de servicios públicos electrónicos, pero no los utilizamos. Y la importante inversión de recursos realizada por nuestras administraciones queda en desuso y sin rentabilizarse.

Ante esta situación caben muchas preguntas:

  • ¿Está realmente preparada nuestra ciudadanía para estos nuevos sistemas?
  • ¿Estos servicios electrónicos funcionan realmente, o por el contrario son meros escaparates sin atención real en el backoffice?
  • ¿Son realmente útiles o hacen aún más farragosa la relación de la ciudadanía con la administración?
  • ¿La organización interna de nuestras administraciones está preparada para este nuevo esquema de relación?
  • Y la ciudadanía, ¿está preparada? ¿confía en este nuevo sistema?

Una reflexión más pausada daría lugar a más preguntas, y a buen seguro a sus respuestas. Pero lo que queda claro es que no podemos dejar pasar esta oportunidad, sobre todo en esta coyuntura que nos ha tocado. Y máxime cuando la Unión Europea pretende utilizar la administración electrónica como tractor de un nuevo mercado digital que sea competitivo, y que permita dar lugar a un nuevo modelo de relación más dinámico en el entramado productivo europeo.

Tendrán que ser las mismas administraciones las que pongan en valor estos servicios públicos, contando para ello con la participación y empuje de la ciudadanía. En esta labor, las administraciones locales tienen un importante papel que desempeñar.

A ver cómo lo hacemos…

Un cambio necesario

En más de una ocasión me he referido en mi blog personal al manido tema de la gestión del cambio en la Administración Pública, de cómo es necesario abordar un proceso de reorganización de los procesos internos de trabajo, tanto más cuanto nos encontramos ante un cambio sin precedentes en la forma de hacer administración, a través de la administración electrónica.

Y es que debido a mi trabajo, la cuestión de la administración electrónica se impone cada vez con más fuerza en todos nuestros proyectos, y cuál es nuestra sorpresa cuando, al presentar los planes de trabajo entre los técnicos de la administración, el solo nombre de la plataforma de administración electrónica que nos debe servir de base para esta inmersión, sencillamente les suena a chino, con perdón de la expresión.

Empezamos bien, digo yo.

Explicado de qué va el asunto, lo siguiente es expresar sus reticencias, no sólo por las dificultades que intuye tendrá su intelecto para asumir tamaño cambio, sino también por las que tendrán las personas administradas,  toda vez que en este momento actual ya se encuentran con problemas tales como documentos presentados varias veces por diferentes canales, fórmulas de presentar solicitudes que parecen peticiones fantasmales (muy propias de esta época de ánimas y santos…), y tantos y tantos otros problemas derivados de la gestión diaria.

Qué duda cabe que implantar un cambio como el que supone prescindir del papel y pasar a una tramitación electrónica no va a ser, no lo está siendo, un camino fácil. Ni para el personal de la administración pública  ni para la ciudadanía. En muchos casos da la sensación que estamos ante un proceso opaco, paralelo a nuestra vida cotidiana, a un proyecto de profesionales de la informatica y unos cuantos más. Sin saber que el DNI electrónico ya circula, que son muchos los trámites que podemos hacer de manera electrónica, que muchos de nuestros ayuntamientos disponen, con más o menos fortuna, de servicios públicos susceptibles de prestarse de forma electrónica.

En este proceso es necesaria una tercera “pata”, una intervención que complete las acciones formativas que se están realizando, pero que parece que no llegan, que no cubren las expectativas. Hace falta acciones que se salgan de las líneas tradicionales del “formar”, del “dar a conocer”, y sean capaces de dar un salto cualitativo, arbitrando mecanismos que aproximen a las y los  ciudadanos con las administraciones, calibrando los servicios públicos y creando iniciativas de aproximación y bautismo de fuego con esto del tramitar con los bytes y los megabytes.

Ya estamos aquí

La administración electrónica ha llegado para quedarse. Son varios ya los años en los que las organizaciones públicas de nuestro país están dedicando esfuerzos más o menos importantes por dar visibilidad electrónica a sus servicios públicos, para cumplir un mandamiento legal que responde a un clamor ciudadano en una sociedad cada vez más global, más vertiginosa, más interconectada.

En la actualidad, de alguna manera quien más quien menos ya se ha estrenado en esto de tramitar electrónicamente con la administración. Y la pregunta en este caso es ¿qué es tramitar o, cuando menos, relacionarse electrónicamente con la administración? ¿cómo de útiles son esos servicios electrónicos? ¿cuál es la percepción ciudadana de ese escaparate virtual?

Un brevísimo recorrido por los espacios web de nuestros municipios más cercanos nos muestran un panorama de lo más variopinto, siendo muy pocos, contados, los que alcanzan a estar en el ranking del último informe Orange sobre el tema. Y en todo caso, la utilidad puede resultar más que discutible.

Hablamos siempre de utilidad, de usabilidad, de eficiencia y de rentabilidad. Que no de calidad. Aunque tal concepto bien puede considerarse embebido en aquellos, si los mismos se cumplen. Porque sin lugar a dudas estaría respondiendo a las necesidades demandadas, tanto social como normativamente.

Percibimos una necesidad de conocer cómo se ven esos servicios electrónicos desde fuera. Porque siendo conscientes las y los regidores públicos de la inversión requerida y muchas veces realizada, del cambio tecnológico y sobre todo cultural que ello exige a nivel interno en su organización, parece que en la mayoría de los casos se olvida que como públicos que son, tales servicios siguen estando orientados a la ciudadanía,  y su finalidad es su uso, si es frecuente y con resultados, mejor que mejor. Porque en las aguas procelosas en que nos ha tocado navegar, qué mejor forma de contener gasto que rentabilizando inversiones realizadas, simplificando esfuerzos presenciales que bien pueden aprovecharse en otros menesteres.

Conozcamos pues, cómo de buenos son nuestros servicios públicos electrónicos. Y si no lo son, o menos de lo que pensábamos, considereremos opciones que a medio plazo serán también de mejora a nivel general de nuestra organización.