26J: del postureo a la acción

Los resultados electorales del pasado domingo 26-J han dejado varias cosas claras:

1. Los sondeos y las estadísticas tienen mucho que mejorar. O eso, o los españoles y españolas vacilamos de lo lindo al personal. O las llamadas telefónicas las hacen a Marte, tal vez…

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2. Pese al ambiente de indignación y descrédito generalizado de la política, parece que no es tanto. Menos redes sociales y más salir a la calle.

3. El postureo de la queja no es suficiente para calar en los diferentes niveles de la sociedad. Protestar no sirve de mucho si no se articulan estrategias reflexivas, reales y ciudadanas, participativas, coherentes y no ideologizadas, para captar a la masa social. Un nuevo tiempo para la política debe ser algo más que estar en los medios de comunicación bailando, tocando la corneta y haciendo deporte en el prime share.

4. Aunque nos quejamos de nuestra clase política, al final representa lo que tenemos. Lo mejor de cada casa. Y es que cuando no somos capaces de levantarnos y manifestar nuestro desacuerdo ante situaciones cotidianas menores, ¿cómo vamos a procurar un cambio social de magnitud?

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5. Al menos el Brexit ha servido para darnos cuenta que la UE está ahí. Y aunque la verdad es que va cuesta abajo en un derrapamiento de valores, derechos, e hipocresía total, nos da miedito pensar en un cambio brutal, porque lo que viene por detrás puede ser aún peor. Menos salir por patas y más trabajo interno para darle un vuelco honesto a lo que tenemos. Porque la idea no era mala, pero es que la ejecución ha sido…

Dicho esto, a la vista de los resultados, y suponiendo que la clase política quiere dar un revolcón a este país, a esta sensación controvertida (supuestamente, cada vez lo ponemos más en duda), ¿qué podemos pedir?.

1. Menos sillón y más colaboración.

2. Visión de Estado por favor. Cedamos todxs un poquito para el beneficio del respetable.

3. Reflexiones internas en los partidos. ¿Habéis conectado con la ciudadanía? ¿Con toda la ciudadanía? Tal vez es que estamos ante un problema endémico y estructural, de aborregamiento generalizado. Tal vez es que hay que empezar desde más abajo aún, para cambiar mentalidades e implicar en la política a todas las personas, entendiendo la politica en el más amplio sentido de la palabra.

Se nos antoja complicado. Casi imposible. Pero a lo mejor es porque es lunes.