Más allá del Año Europeo del Patrimonio

Después de las mesas redondas celebradas la semana pasada en torno al Día de Europa, cerramos el ciclo de firmas invitadas con la participación en esta ocasión de María Peraita Tajadura, Arquitecta investigadora en el Grupo de Investigación en Patrimonio Construido (GPAC) y en la Cátedra UNESCO de “Paisajes Culturales y Patrimonio” de la UPV/EHU, y que participó como una de nuestras ponentes en la mesa del día 9 de mayo. Desde aquí nos gustaría agradecer de corazón su colaboración intensa con eCivis en los preparativos del evento del Día de Europa. Sus consejos fueron vitales para adentrarnos en el mundo del patrimonio cultural sin la osadía de la ignorancia. Eskerrik asko.

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Este año, como cada año, la Unión Europea ha decidido poner su atención sobre un aspecto determinante a la hora de reforzar la identidad europea. Y así, del mismo modo que lo fueron el desarrollo, la ciudadanía, el diálogo intercultural o la creatividad y la innovación, en 2018 el foco apunta directamente al patrimonio cultural como una pieza clave e ineludible en esta construcción de Europa.

Europa, Patrimonio, Diversidad

La pertinencia de este reconocimiento no puede pasarse por alto, del mismo modo que tampoco pueden obviarse algunos de los postulados con que se justifica esta elección. Europa habla de patrimonio y lo hace reconociendo su diversidad, sus múltiples valores y su papel en el refuerzo de la identidad social, consciente de su potencial para la cohesión y de su fuerza integradora en un momento en el que el concepto-Europa parece diluirse en un mar de identidades locales. Para ello, recurre y mantiene vivos aquellos mensajes ya recogidos en algunos documentos internacionales, cuando hace años se definían los principios para la conservación y restauración del patrimonio edificado, en una carta firmada en Cracovia, desde la perspectiva de la pluralidad social y la multiplicidad de valores: el patrimonio es testigo de la historia y es memoria de los pueblos.

Superamos con ello ideas limitadoras que definían las construcciones como espacios inertes, estáticos, meros contenedores de movimientos y reconocemos que constituyen lugares únicos, vividos y vivos, cambiantes, que evolucionan con el tiempo como consecuencia de las relaciones humanas que se establecen en su seno. Lugares que son así interpretados, percibidos y valorados de distinto modo según los ojos de quien los mire. Lugares que son mucho más que piezas de museo, suponen libros abiertos donde cada época es una página más en este relato común.

Patrimonio cultural, constructor de nuestra memoria colectiva

Por ello, sólo desde su reconocimiento colectivo, el patrimonio será sostenible en el tiempo. Sólo desde el apoyo ciudadano podrá convertirse en un verdadero recurso social… y, por ende, económico –recurriendo al aspecto más pragmático de la cuestión que nos ocupa y que es, precisamente, la que garantiza su conservación-. Y precisamente por ello debemos tener presente que, en este afán por celebrar y festejar, no podemos olvidar que pasado 2018 el patrimonio cultural seguirá conformando nuestra memoria, del mismo modo que conformó la de nuestros antepasados y antepasadas y, sólo si nos implicamos con él, la de generaciones futuras.